Durante los veranos de su infancia, Dani pasaba largas temporadas en Leon. A pesar de estar alojado en la capital, en casa de sus familiares, a menudo visitaba otros municipios de la provincia. Normalmente la excusa de esas largas jornadas familiares era simplemente disfrutar un dia en el campo, con un piscina a disposicion del barcelones y sus primos. En otras ocasiones, se trataba de visitar a algun pariente, o aprovechar la cercania del pueblo de turno para saludar a algun conocido que, segun alguien recordaba, vivia por alli. A lo largo de los anyos, la lista de pueblos visitados era bastante extensa. De entre todos ellos, destacaba Villaverde, un minusculo poblado, con una sola via y escasa de poblacion que, paradojicamente, estaba situado a muy pocos kilometros de la capital. Algo tenian en comun todos aquellos pueblos, una tranquilidad aderezada con el sonido que emanaba del contacto entre las playeras y los caminos sin asfaltar, el olor a verde cuando visitaban las fincas familiares sin mas motivo que el de mirarlas un anyo tras otro, el ritmo que marcado por la friccion entre el pantalon y la hierba crecida, aun por pacer...